Se enrolló sobre sí mismo para rodar hacia ellos. Al chocar, los ángeles volaron por el espacio con sus alas blancas imperturbables. Todos terminaron despedazados en el suelo.
Matacus, el orgulloso armadillo, se desenroscó para disfrutar el festejo de los niños.
—¡Chuza! —gritaban los pequeñines frente al nacimiento hecho trizas.
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1 comentarios:
Siempre es un deleite leerte. aún me rio de las diabluras... un beso Rub
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