Himno a la belleza
Charles Baudelaire
Traducción: Amélie Olaiz
¿Vienes del profundo cielo o sales del abismo,
oh Belleza? Tu mirada infernal y divina,
vierte confusamente el bienestar y el crimen.
Y uno puede por eso compararte con el vino.
Contienes en tu ojo la puesta de sol y la aurora.
Derramas perfumes como una tarde naranja.
Tus besos son un filtro y tu boca un ánfora,
que hace al héroe cobarde y al niño valiente.
¿Sales del negro precipicio o desciendes de los astros?
El Destino, encantado, te sigue como un perro faldero.
Tú esparces al azar, la alegría y la desgracia,
y gobiernas todo y no respondes de nada.
Tú caminas sobre los muertos, Belleza, de quienes te burlas.
De tus joyas el Horror no es el menos adorable.
Y el Asesinato, entre tus más queridos encantos,
sobre tu vientre orgulloso danza amorosamente.
Deslumbrado, lo efímero vuela hacia a ti, vela, crepita, arde y dice:
“¡Bendícenos esta antorcha!”.
El enamorado palpitante, inclinado sobre su bella,
tiene el aire de un moribundo acariciando su tumba.
Si vienes del cielo o del infierno, ¿qué importa,
¡oh Belleza! ¡monstruo enorme, espantoso, ingenuo!,
si tu ojo, tu sonrisa, tu pie, me abren la puerta
de un infinito que yo amo y no he conocido jamás?
De Satán o de Dios, ¿qué importa? Ángel o Sirena.
¿Qué importa, si tú vuelves -hada de ojos aterciopelados,
ritmo, perfume, brillo, ¡oh mi única reina!-
el universo menos repugnante y los instantes menos pesados?
Fotografía: Amélie Olaiz










